Qué aprende un mentor que pasó por Polar, Cisneros y Pepsi antes de "soltarse de la ramita"
Hay una diferencia enorme entre saber hacer algo y saber enseñar a un equipo a hacerlo. David Luis Villalobos pasó 35 años aprendiendo la primera parte adentro de las empresas más grandes de Venezuela, y hoy dedica su vida a la segunda. Su caso es una clase sobre por qué la formación no es un gasto, sino un sistema.
David es venezolano, de Maracaibo, radicado en Utah. Es mentor y capacitador de empresas en marketing, ventas y liderazgo. Detrás de esa descripción hay una trayectoria poco común: unos 30 a 35 años ejerciendo en dos de los grandes grupos económicos de Venezuela —el Grupo Mendoza (Empresas Polar) y el Grupo Cisneros—, además de Pepsi-Cola. Organizaciones que tienen algo en común y que marca todo su enfoque: invierten muchísimo en formar a su gente.
David no arrancó con un plan claro. Salió del bachillerato sin una carrera definida, y recién en dos años fuera de casa descubrió su pasión: primero la publicidad, y a través de ella, el mercadeo. Lo explica con una de sus metáforas —porque David enseña con metáforas—: "si conquisto a la madre, la hija después llega". La madre es el mercadeo, la estrategia de fondo; la hija es la publicidad, la parte visible. Priorizar la estructura antes que el brillo.
Lo estudió en serio, de técnico a licenciatura y posgrados, y después lo ejerció durante tres décadas en empresas que forman talento como política de Estado interno. Ahí aprendió no solo a vender, sino a ver cómo una organización grande convierte a personas comunes en equipos de alto rendimiento: con procesos, con capacitación constante, con método.
Y entonces la vida lo empujó fuera de la zona de confort. El emprendimiento no fue un plan; fue un salto forzado. Él lo cuenta sin dramatismo: "tenía que soltarme de la ramita y entender que también podía trabajar por mi cuenta". Hoy ve ese empujón como una bendición.
El caso de David deja tres aprendizajes especialmente valiosos para cualquier dueño de negocio.
El diferencial de David es haber visto desde adentro cómo Polar, Cisneros o Pepsi sistematizan la formación de su gente. No dejan el conocimiento en la cabeza de una estrella individual: lo convierten en procesos que se enseñan y se repiten. La mayoría de los emprendedores hace lo contrario —todo depende de ellos—, y por eso no pueden crecer. Formar al equipo no es un lujo de empresa grande: es lo que hace grande a una empresa.
"Conquisto a la madre y la hija llega." Esta frase es una regla de oro. Demasiados negocios se obsesionan con la táctica visible —el posteo, el anuncio, el descuento— sin haber resuelto la estrategia de fondo: a quién le hablan, qué problema resuelven, cómo se diferencian. David invierte el orden: primero el mercadeo (la madre), y la publicidad (la hija) se acomoda sola.
David tiene una frase que desarma un montón de prejuicios: "el éxito es éxito, lo logres trabajando para alguien o emprendiendo". Lo importante no es dónde aprendiste el método, sino que el método se puede transferir de un contexto a otro. Él tomó lo que las corporaciones le enseñaron y lo puso al servicio de pymes que jamás tendrían acceso a ese know-how. Eso es, literalmente, sistematizar experiencia.
Si tuviéramos que quedarnos con una sola idea de David sería esta: el conocimiento que vive en la experiencia de una persona vale poco hasta que se convierte en un método que otros pueden aprender. Él pasó 35 años acumulando ese conocimiento y hoy su trabajo es empaquetarlo para que los equipos de otras empresas lo usen. Es exactamente lo que hacemos en SistemologIA: convertir la experiencia suelta en sistemas que se enseñan, se repiten y no dependen de una sola cabeza.
“Tenía que soltarme de la ramita y entender que también podía trabajar por mi cuenta.”
“Si conquisto a la madre —el mercadeo—, la hija —la publicidad— después llega.”
“El éxito es éxito, lo logres trabajando para alguien o emprendiendo.”
SistemologIA convierte tu operación en sistemas que funcionan sin vos.
Conocé SistemologIA →