Cómo Gisela Tatis convirtió la asesoría de imagen en una palanca de seguridad y oportunidades
Hay una frase que Gisela Tatis repite y que, si la escuchás con atención, deja de sonar a consejo de moda y empieza a sonar a estrategia de negocio: "como tú te ves, te van a tratar". No habla de tacones ni de ropa cara. Habla de percepción. Y la percepción, bien entendida, es un sistema que se puede diseñar.
Gisela es colombiana, fundadora de Sharela, una marca de moda y asesoría de imagen. Creció rodeada de mujeres "fashion" —su mamá y su abuela— y ese gusto por la imagen le quedó marcado desde chica. Pero lo que la vuelve interesante para nosotros no es su ojo estético, sino cómo transformó ese ojo en un método para ayudar a otros: enseña a los latinos a proyectar seguridad y autoridad a través de su imagen, sin caer nunca en la crítica.
Sharela nació de una fusión con un amigo y de una pasión casi confesional por el café —"es imposible agradar a Dios sin una taza de café", bromea—. Pero el arranque real de su historia en Estados Unidos no fue con ropa: fue con mentalidad.
Lo primero que trabajó al llegar fue la cabeza de sus hijas. "Ustedes aquí no van a lavar baños", les dijo. No como desprecio a ningún trabajo, sino como declaración de expectativas: se venía a construir, no a sobrevivir. Esa fe —muy fuerte en ella, su motor— fue el cimiento sobre el que después montó todo lo demás.
Y sobre ese cimiento aparece su segundo pilar, que es casi una metodología personal: "yo primero me imagino las cosas y luego las vivo hasta hacerlas realidad". Visualizar, y después ejecutar hasta que la realidad alcance a la imagen. No es misticismo: es fijar un destino claro antes de dar el primer paso.
El caso de Gisela deja tres aprendizajes que sirven para cualquier negocio, tenga o no que ver con la moda.
Cuando Gisela dice "no es solo ponerte los tacones, es sentirlos y llegar con esa seguridad", está describiendo algo que todo emprendedor debería entender: la forma en que te presentás condiciona cómo te tratan, cuánto te cobran y qué oportunidades te ofrecen. La imagen no es decoración; es la primera información que el otro procesa sobre vos. Diseñarla a conciencia —en vez de dejarla al azar— es tan estratégico como diseñar tu producto.
Gisela no empezó vendiendo ropa: empezó ordenando expectativas. Ese orden de factores importa. La técnica (cómo vestir, cómo combinar) es inútil si la persona no cree que merece proyectar autoridad. Por eso su trabajo es tan empático como estético: ayuda, no critica. Un sistema que humilla al cliente no escala; uno que lo empodera, sí.
"Primero me imagino las cosas y luego las vivo." Detrás de esa frase hay un método replicable: definir con nitidez el resultado que querés antes de actuar. En el mundo de los negocios eso tiene otro nombre —planificación—, pero la mecánica es idéntica. Sin una imagen clara del destino, cada paso es improvisación.
Si resumimos a Gisela en una idea sería esta: la percepción no se deja al azar, se diseña. Ella tomó algo que la mayoría trata como superficial —cómo te ves— y lo convirtió en una palanca concreta de seguridad, autoridad y oportunidades. Ese es exactamente el tipo de traducción que buscamos en SistemologIA: agarrar algo que parece "cuestión de gusto" o "cuestión de suerte" y demostrar que, en el fondo, es un sistema que cualquiera puede aprender y aplicar.
"Siempre he creído que Dios guía cada paso cuando ponemos nuestros planes en Sus manos. Oré por la persona correcta para este proyecto y, sin buscarla, Dios respondió. Así llegó Catherine Fontalvo a SHARELA: como una confirmación de que cuando el propósito es de Dios, Él también trae a las personas indicadas. Hoy, junto a Sharafaldean Abushunnar y Catherine Fontalvo, seguimos construyendo el proyecto más importante de nuestras vidas."
“Como tú te ves, te van a tratar.”
“No es solo ponerte los tacones, es sentirlos y llegar con esa seguridad.”
“Yo primero me imagino las cosas y luego las vivo hasta hacerlas realidad.”
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